De Pasai Donibane a Hondarribi caminando (Sí, caminando)

¿Os animaríais a caminar desde Pasaia hasta Hondarribi por una ruta poco conocida que atraviesa un paisaje alucinante?

Nosotros lo hemos hecho, porque aunque es verdad que la carretera es lo nuestro, de vez en cuando nos da la venada y nos echamos a andar por el monte, que para eso somos vascos. De esta ruta litoral de Jaizkibel sólo podemos contaros maravillas. Sí, es bastante larga (incluso muy larga, larguísima...) pero no hay un sólo metro que no merezca la pena. Ya conocemos el inconveniente de las travesías; que si hay que dejar un coche al final del recorrido para tener un vehículo al terminar, que si luego hay que volver al principio para recuperar el que hemos dejado en la salida… ¡No os preocupéis cuadrilla! Hay una solución… ¿lo adivináis? Exactamente: Llamáis a Autocares David, os llevamos a la salida, os recogemos a la vuelta y os dejamos a todos sanos y salvos en casa (o al menos tan salvos como os montéis en el autobús). Es un buen plan, ¿no? Además, como luego no hay que conducir, podéis llevar la bota de vino y si nos apuráis la petaca con algo más fuerte (que nos conocemos, ¡pillines!).

La ruta por Jaizkibel

De Pasai Donibane a Hondarribi caminando Pero vamos a lo importante; la ruta de la costa por Jaizkibel. Veintipico kilómetros de caminata, paliza maja, de las de agujetas hasta en las uñas, pero que merece, y mucho, la pena. Esta travesía permite conocer todo el litoral que se extiende a los pies del monte Jaizkibel y sus puntos más destacados. Vestigios de la industria de la recogida de algas, formaciones rocosas de lo más caprichosas, calas escondidas, riachuelos, laderas, paredes de roca… Un recorrido con el que disfrutar del magnífico patrimonio natural de parte de la costa guipuzcoana.

Pasai Donibane

El recorrido comienza en Pasai Donibane, subiendo hacia el semáforo de la bocana. Un poco de esfuerzo en la primera subida y enseguida nos encontramos atravesando amplios y verdes pastizales con sus vacas de postal suiza. En este punto tenéis la opción de seguir por el famoso Talaia Bidea (algo más corto y que discurre por la cresta del monte junto a las antiguas torres de vigilancia) o tomar, como es nuestro caso, la senda de la costa. A partir de aquí, nos damos de bruces con la abrupta costa cantábrica: barrancos imposibles, fantásticos miradores a playas rocosas, acantilados que hacen temblar las rodillas, formaciones rocosas de arenisca que semejan dinosaurios, algún paso para el que habrá que ser habilidoso y un poco valiente, sirgas de seguridad que ayudan a salvar brechas que parten en dos el paisaje…

El Club Vasco de Camping

El recorrido está señalizado por marcas blancas, pero como no es un camino muy frecuentado, a veces habrá que aguzar la vista para localizarlas. Por eso y porque no nos perdonaríamos jamás que terminarais cual náufragos en una isla desierta, os recomendamos seguir las indicaciones que dan nuestros amigos del Club Vasco de Camping aquí.

La recomepensa

Después de unas 9 horas (¡Tranquilos! Que estamos contando la parada para el bocata, la parada para hacer fotos, la del descanso, la de beber agua… Bueno, en realidad no, la ruta es larga y punto), la excursión llegará a su fin cuando alcancéis el faro de Higuer. Aquí os merecéis como mínimo tomar algún refrigerio en cualquiera de los bares que encontraréis por la zona. Pero si habéis seguido nuestro consejo y habéis contratado uno de nuestros autocares, bien podéis tomaros dos, tres, cuatro o seis refrigerios, porque no tendréis que conducir vosotros. ¡Creednos, ahora no apetece nada coger el coche...! ¡Sed viajeros!

Fecha: 28/02/2017, Compartir: FB | LN | TW

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